Qué es el marketing emocional

El marketing es aplicado a los negocio a través de la planificación de determinadas estrategias cuyo objetivo final es el de llegar tanto al público objetivo como a los clientes potenciales de la forma más efectiva posible. Puesto que el marketing no es otra cosa que un modelo de comunicación entre un emisor y un receptor, se ve claramente marcado por el ámbito de las emociones, que pueden facilitar o dificultar el proceso, dependiendo de la habilidad del que ponga en ejecución una estrategia. Es aquí donde ha surgido un nuevo concepto, del que vamos a hablar en este artículo: el marketing emocional.

¿Qué es el marketing emocional?

El marketing emocional se puede definir como el conjunto de estrategias publicitarias que son creadas en base a los valores y creencias del público al que se dirige, pues estos aspectos son los que afectan y determinan su forma de actuar, sentir y pensar, sobre todo a la hora de tomar la decisión de comprar o no un determinado servicio o producto. Este tipo de marketing deja a un lado el modelo clásico de descripción de producto para centrarse en asociar a la marca con uno o varios conceptos determinados que permitan al consumidor identificarse personalmente con ella. El ejemplo más evidente que se puede encontrar en estos momentos es la relación que la empresa Coca-Cola lleva años intentando establecer con el concepto de “felicidad”.

Factores a considerar al ejecutar una campaña de marketing emocional

Una estrategia de marketing emocional es algo más complicado de lo que puede parecer. Las empresas se lanzar a ejecutarlas porque los beneficios que se pueden obtener son mucho mayores que con las técnicas de marketing tradicional, pero los riesgos también son más elevados, puesto que una mala gestión de un concepto asociado a la marca puede repercutir muy negativamente en las ventas. Por ello, hay que tener en cuenta, previamente, una serie de aspectos. Y es que con estas estrategias va a entrar en contacto con las creencias y valores de las personas. Esto es algo delicado, pues si lo consigue, creará un vínculo de por vida entre la marca y el consumidor siempre que cumpla las expectativas creadas en relación a esos conceptos. Pero si no es así, no sólo perderá un comprador, sino que también ganará un enemigo para su empresa que intentará influenciar a sus conocidos para que tampoco compren mediante el “boca-oreja”.

Imagen de pixabay
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